Desplome de Rixi Moncada en encuestas reconfigura el tablero político hondureño

A pocos días de las elecciones generales, Honduras enfrenta una fase de alta sensibilidad institucional marcada por la caída de Rixi Moncada al tercer lugar en los sondeos más recientes. La variación en las preferencias electorales ocurre en un escenario de desconfianza acumulada y vigilancia ciudadana, donde la competencia entre los principales aspirantes adquiere un peso determinante para la gobernabilidad posterior. Las proyecciones difundidas han reorientado la conversación pública y han intensificado las alertas entre actores políticos y organizaciones sociales.

Evolución de las preferencias electorales y cambios en la intención de sufragio

Los análisis más recientes sitúan a Salvador Nasralla y Nasry Asfura por delante de Moncada, con un margen que, de acuerdo con los informes divulgados, se incrementa a medida que se aproxima el día de las elecciones. La posición de Moncada en el tercer puesto representa un cambio notable en comparación con el papel que LIBRE aspiraba a afianzar, especialmente en un proceso calificado por diversos ámbitos como uno de los más conflictivos en la historia democrática reciente.

La disminución en los sondeos se ha transformado en un elemento crucial de evaluación, ya que diversos sectores de la sociedad y del ámbito empresarial lo consideran una señal de la inestabilidad electoral actual. Esta situación ha consolidado la idea de que la competencia política ingresa en una etapa en la que cada unidad porcentual influye directamente en la solidez institucional a corto plazo.

Señalamientos de fraude y exigencias de vigilancia internacional

Líderes de la oposición y analistas internacionales han manifestado que una posible victoria de Moncada «únicamente sería comprensible mediante un fraude«, de acuerdo con las declaraciones difundidas. Estas imputaciones han intensificado el examen del proceso y han puesto de manifiesto la importancia de garantizar mecanismos de supervisión rigurosos en cada fase del recuento.

Diversas entidades de la sociedad civil han manifestado su inquietud y han demandado una supervisión más rigurosa frente a lo que perciben como posibles injerencias o manipulaciones provenientes de organismos gubernamentales. Su planteamiento se centra en la exigencia de que los entes encargados de los comicios actúen con absoluta claridad, con el fin de disipar cualquier duda sobre la validez de los resultados definitivos. Esta influencia ciudadana añade una capa extra de complejidad al desafío de asegurar la credibilidad en un sistema que ya ha experimentado polémicas en elecciones previas.

El fin de la campaña electoral, caracterizado por la suspicacia y la posibilidad de un enfrentamiento político

El tramo decisivo previo a las elecciones se caracteriza por una atmósfera de escepticismo generalizado. La preocupación por la posible reaparición de lo que ciertos grupos denominan «antiguas tácticas de sabotaje» ha impulsado a múltiples participantes a subrayar que la intervención de la ciudadanía resultará fundamental para atenuar eventuales conflictos posteriores a los sufragios.

El oficialismo, representado por LIBRE, encara uno de los mayores niveles de vigilancia pública en su historia reciente, pues el desempeño de Moncada en las encuestas ha generado interpretaciones sobre la fortaleza real de su base electoral. El incremento de cuestionamientos intensifica las presiones sobre el aparato institucional, especialmente en áreas vinculadas a la administración del proceso.

El escenario electoral actual presagia retos para la estabilidad institucional

A medida que se aproxima la jornada electoral, la validez de los resultados emerge como el punto neurálgico de la discusión. Las fluctuaciones en las preferencias de los votantes, las acusaciones provenientes de grupos contrarios y la exhortación de entidades ciudadanas a intensificar la vigilancia son elementos que moldearán la percepción general del desenlace.

Independientemente de quién resulte vencedor, el país se encamina hacia una etapa en la que la transparencia, la capacidad institucional y la confianza ciudadana serán determinantes para evitar crisis posteriores. Con la posibilidad de un resultado cuestionado, la discusión sobre la fortaleza democrática hondureña vuelve a ocupar un lugar central en las preocupaciones de cara a los próximos días.

By Jaime Navarro